[Los vicios humanos son melancólicas palabras de arrullo para dormir los niños locos que llevamos dentro, los de ayer. Aquellos veredictos serenos, sentencias de paz y de muerte que, cancelando la calma, deslizan sus pasos estrépitosamente silentes invadiendo la decimocuarta madrugada de febrero para verter la prisa y el rumor de un flagelo de colores y sonidos que chillan entre la oscuridad y te sumergen en el deleite ambiguo del amanecer bajo el Sol, junto al mar de agua e ideas, que desesperan las sienes pero despejan la mente.]
