Cuando queda nada...
sólo los recuerdos...
esos gritos mudos en cada espacio,
esa brisa de emociones detrás de cada umbral,
ese falso silencio
que las paredes se encargan de cuidar...
Cuando queda nada...
sólo el abrigo ciego de lo que deseaste...
permanece ahí, entumecido,
golpeado veintinueve mil veces por el frío
ese que no sentías
porque tus deseos estaban ahí para salvaguardar tu piel...
Cuando queda nada...
hoy que ni eso está...
van abriendo ya grietas hondas
las heridas a consolar
con las lágrimas de aquellos tus ojos
tus dolidos ojos...
Cuando queda nada...
ni las noches ni las mañanas...
haberse perdido parecen entre tanto placer,
se evaporaron con el sudor de nuestras pieles
junto a la música que se quedara en tu cabeza
[y en la mía] y más nada...
El viento acurrucó las melodías y éstas se fueron con él,
déjame pues esta melancolía eterna odiar.
No voy a mecerme en la noche de los sueños ausentes
ni a quedarme a bañar con el Sol de tu falsa ternura,
arrancaré las hojas de ese verano,
borraré Lunas y estrellas de esas noches contigo
y olvidaré las percusiones del batir de nuestros cuerpos
entonces quedará sólo la brisa solemne de un camino andado como cualquiera,
y el barro bajos los zapatos
que he de dejar a cada paso,
sin añoranzas,
permitirá algún día
no más barro al fin.