lunes, 22 de febrero de 2010

RABIA

La vida es una burla:

una mierda,
un chiste agrio,
un cuento de horror,
una mirada desdeñosa,
una mano fría en la espalda,
una risa con sorna, 
 un cielo con Luna y nubes tapándola,
un día plagado de alegrías del que despiertas.

Sí, 
despiertas.

Sólo era un sueño.
La vida es, pues, una vil farsa.

Una comedia.

Terminas con la misma angustia con la que empezaste: 
la existencial.

NADA


Cuando queda nada...
sólo los recuerdos...
esos gritos mudos en cada espacio,
esa brisa de emociones detrás de cada umbral,
ese falso silencio 
que las paredes se encargan de cuidar...

Cuando queda nada...
sólo el abrigo ciego de lo que deseaste...
permanece ahí, entumecido,
golpeado veintinueve mil veces por el frío
ese que no sentías 

porque tus deseos estaban ahí para salvaguardar tu piel... 
Cuando queda nada...
hoy que ni eso está...
van abriendo ya grietas hondas
las heridas a consolar
con las lágrimas de aquellos tus ojos
tus dolidos ojos...
Cuando queda nada...
ni las noches ni las mañanas... 

haberse perdido parecen entre tanto placer,
se evaporaron con el sudor de nuestras pieles
junto a la música que se quedara en tu cabeza
[y en la mía] y más nada...


El viento acurrucó las melodías y éstas se fueron con él,
déjame pues esta melancolía eterna odiar.
No voy a mecerme en la noche de los sueños ausentes
ni a quedarme a bañar con el Sol de tu falsa ternura,
arrancaré las hojas de ese verano,
borraré Lunas y estrellas de esas noches contigo
y olvidaré las percusiones del batir de nuestros cuerpos
entonces quedará sólo la brisa solemne de un camino andado como cualquiera,
y el barro bajos los zapatos
que he de dejar a cada paso,
sin añoranzas,  
permitirá algún día
no más barro al fin.

Tus ojos,
tus mentiras, 
tus manos,
tus escarnios,
tus labios,
tu procacidad,
tus mejillas,
tu falsa moral,
tus dedos,
tus olvidos...

Tu falsa respiración me ahoga,
ha terminado por asfixiarme tu desnuda humanidad
darme cuenta de toda tu capacidad malsana es mirarte sin trajes,
sin ilusiones
ni esperanza...

Mirarte la piel es desgarrarme por haberte amado.

Serena hoy, 
la noche de los luceros húmedos
se encarga de explicarme lo que no pude entender antes,
ya tu burda existencia hablaba por sí sola
pero mi alma ¡ay¡ nunca quiso escuchar,
ya perpetrada la matanza por nuestras manos y tu boca
puedes quedar tranquilo respirando mi sangre...
Queda en calma la bestia
henchida de un error huerfano y sin hermanos tan sucios,
cada quién sabe de qué es responsable y de qué no,
cada quién sabrá reconocer ante sí al menos,
cada quién en el fondo de su ser,
cada quién, créeme,
cada quién,
 
en tanto no seas tú.
 
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